4. Breves encanaciones

Los golpes más o menos accidentales suelen ser norma en cualquier infancia. En las primeras horas que registra mi memoria, tal vez a días del estreno del así llamado uso de razón, encuentro los dos grandes golpes fundacionales.
El primero es frontal, contra la trompa de un Rastrojero Diesel que me desparrama inconsciente sobre las piedras romas de la calle Camargo.
El segundo es tangencial: el golpe militar contra el gobierno de Biondi, el golpe que me deja expósito.
El mismo día que los tanques aterrizan sobre la Plaza nuestros padres huyen hacia el oriente, vía Carmelo.
La imagen que reproducimos aquí es más elocuente que cualquier crónica: las embajadas, puestas al socaire de las balas, dándose empellones unas a otras -sirenas desesperadas y flotantes- como arrancadas de cuajo por el Zonda.
Si no hubiera sido por la caída del régimen tarde o temprano nos habrían convertido a su fe. Pero se fueron. De un día para el otro.
Sólo quedó el clamor chismoso de los porteros, el torto-virola del quiosco de la esquina traficando Mediahoras (bolitas negras de regaliz), el búmeran sonoro del afilador y los moscas, moscas comemierda espiando cada rincón de nuestras intimidades, los moscas, invisibles, en grupos de tarea.

1. Fechas matrias

La primera fecha importante que me viene a la mente lleva una escarapela en la solapa y se parece a otras, es igual a otras, todas alineadas en la columna del Debe.
La primera fecha del Haber debería ser precisamente ésta, la del día en que decido iniciar mis confesiones.
Una autobiografía es una empresa fácil siempre y cuando se sepa dónde realizar las excavaciones. Lo demás viene solo (al menos es lo que dicen –y uno escucha– en las grandes capitales de Europa).

Los dibujos que acompañan pretenden ser, en el mejor de los casos, un atlas del horror vacui y en el peor, mapitas cuyo tesoro viene a ser la encarnación inmediata del verbo a través -o del otro lado- del espejo.

Como decía Max lo importante suele ser lo superfluo (una vez más me sirvo de sus frases a la hora de dar ejemplos). Las pulsiones internas que alientan éstos trazos, la inmensurable afluencia de estas pulsiones en el texto y sobretodo el motivo terapéutico que sostienen estas representaciones fuera del nimbo conceptual. Es decir: mientras uno no escribe, dibuja.

Los cuadernos sin renglones son como mandados a hacer para este tipo de empresas. Soportan tanto sucesiones de palabras como trazos que luego forman otras formas más o menos reconocibles o que prefieren encerrarse en un inquietante o al menos sugestivo ideograma.

19. Final con perdices

Perseguido por la resistencia silvestre pero férrea de los mensúes El Tunel, luego de una maniobra desesperada y sin lograr emerger a la superficie, encalló en Lola, en la isla fructuosa en que se convirtió mi hermana.
Me dicen que el silencio inmediatamente posterior a la tremenda colisión aún no cesa.
Me dicen que la progenie, producto de la unión de Lola y el submarino, salvó a la patria.

(Por el momento éste es el final de la Primer Tiempo. El Segundo empieza AQUÌ
Si desea comenzar por el principio le recomendamos cliquear AQUÌ.
o bien recurrir al Archivo del Blog -columna derecha- y seguir la numeración).

18. Firulete y delito

Muchos años después reencontré a tía Lidia en Europa y en una de las muchas pausas de nuestra aburrida vida de magnates –mientras intentábamos procrear, sostener y propagar una tropilla que tascara las estepas arenosas de Brandemburgo–, me contó sus aventuras desde que la conchabara la razia eficaz de los Mosca:

Los primeros tiempos fue acomodadora de cine. Más tarde, cuando las grandes salas cerraron convertidas a la fe evangélica, golpeó las puertas de los grandes ministerios e hizo una carrera vertiginosa ascendiendo, gracias a su secreta inmunidad, a las esferas más altas de la dictadura hasta llegar a ocupar el mismísimo sillón de Rivadavia.

Fue despótica y salvajemente implacable; todo lo cruel que se esperaba de ella.
Con brazo de plomo supo tañir la lira maximiliana –que aún conserva– con consecuencias de hecatombe: su ceguera nonata logró correr la venda de la justicia haciendo que alcanzara una espuria videncia.
Persiguió y asesinó a propios y ajenos. Pero cometió pecado de gula: tan ocupada en intrigar estaba que la sorprendió una nueva asonada interna, esta vez una alianza definitiva entre el Regimiento de Patricios y los díscolos Blandengues de la Frontera.
Su inmarcesible incapacidad de morir la arrojó al exilio gracias al cual nos reencontramos.
En cierta forma estas líneas, acompañadas de la cartografía necesaria para navegar sus cauces y comprender sus vericuetos, fueron garabateadas para ella.

17. Jaculatoria

Ahora que Lola es una isla feliz e inmóvil en el Carcarañá poblada por mensúes convertidos al hipismo
Ahora que mi cuero, el menos lonjeado, ha cruzado el Atlántico mientras que el otro, no menos mío, seguramente ya casi en los tientos, estacado a la bronca intemperie, hubiera deseado envolver otra cosa que restos de pampero
Ahora que la patria vuelve a sumergirse carcomida por las mismas mareas que hace decenas de milenios la ayudaran a emerger a la superficie para la danza: el juego capilar del viento
Canto estas últimas estrofas secretamente dedicadas a mi dulce aguadora y a cualquiera de sus hijas casaderas que sazonan y cuecen el misterio e inquieren por las almas perdidas hurgando en los espejos.

13. Marcha subfluvial

El renombrado túnel Tigre-Diamante fue desde el vamos un embuste más para boicotear la Línea Colectiva Yacaré que hacía esa ruta por el río y desde allí suministraba cruceros chamánicos por el Miní y el Guazú.
La verdad es que El Túnel fue el nombre con el que rebautizaron al Neptundreizack, un viejo submarino alemán que los Moscas encontraron cerca de la Martín García.
Este prototipo nacido originariamente en Kiel y abatido en los cuarentas por las lanzas de Obligado, estuvo años varado en un desarmadero de Tigre hasta que un anónimo genio bonaerense lo recauchutó para los Moscas.
Recauchutar, en este caso, consigue sonar falaz y hasta capcioso. El trabajo realizado con los despojos del Neptundreizack para su reencarnación en El Túnel sigue siendo, para los estudiosos del modelismo y la balística, un verdadero milagro.
No vamos a detenernos en detalles. Sólo diremos que conservaba a grandes rasgos su diseño exterior de líneas bálticas pero que, pintado de oro, fue dotado de un complicado sistema de drenaje que le permitía navegar a contracorriente sumergiéndose completamente no sólo en las aguas sino también en el barroso lecho de los ríos de la Cuenca del Plata.

Estas digresiones técnicas maquillan el tema para el aprecio del especialista pero se quedan ahí sin saber hacia dónde seguir, ya que las historias incautas que se atreven a remontar ciertos parajes, ciertos recreos semiabandonados donde campea el sauce álamo, el ceibo y el aliso; donde los suicidas, los sabaleros y las tarariras se entrelazan, suelen acabar encallando irremediablemente en los esteros.

11. Zarpa de Tigre

No fue fácil devolver a Lola a su estuche. Fue imposible. No solo por lo mucho que había leudado sino porque el estuche mismo había cambiado de aspecto tras los bombardeos (había perdido la solidez de antaño: en un empeño de luctuosa licuidificación seguía los pasos de mi Lola como una sombra chirle y al iniciarse el éxodo hacia el norte lo usamos como brea para el calafateo de la lancha).
Cuando embarcamos en en el puerto de Tigre una tarde sin viento Lola iba sentada sobre mis hombros, restregando su pubis nervioso contra mi nuca y gritando a los marineros órdenes perentorias, casi desesperadas, por encima de mi autoridad y mi cabeza.
Cuando llegamos a San Nicolás de los Arroyos el torso de Lola ocupaba, abarcaba mejor, más de tres cuartas partes del navío mientras las piernas se sumergían varios metros en el Paraná y los brazos aleteaban en la densa sustancia del verano arrebatándole los mejores frutos.
En los alrededores de Puerto Gaboto los latidos borrascosos de Lola anunciaron el eminente naufragio. Para entonces varios de los marineros, en su mayoría mensúes devenidos bucaneros fluviales, ya habitaban su cuerpo generoso. Algunos ataban sus hamacas entre los dorados pechos de mi hermana, otros hacían pequeños fuegos para apurar un mate amargo en las ondulaciones de su vientre.